Web: "La 'ensalada' familiar - Polarizaciones personales"

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"La 'ensalada' familiar - Polarizaciones personales"

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Texto de Presentación:

Entender que cada individuo no es sólo por sí mismo, sino gracias a lo que los demás son y lo que con ellos pueda intercambiar (trasvasar) de lo que podría caracterizar a cada cual, ayuda a comprender la importante razón o sentido de "las diferencias". Y a esto es lo que llamo la "ensalada familiar", de cuyo plato cada cual toma unos valores específicos, polarizándose en ellos, no dejando para nadie más si toma de forma radical o "prepotente" de una cualidad determinada, siendo así como cercano a un prepotente habrá un discapacitado de esa misma cualidad (entendimiento, optimismo, entusiasmo, responsabilidad, extroversión, fortaleza, dulzura,…).

Texto auxiliar:

Hablar de energías  o de valores humanos  es hablar de una misma cosa. La realidad de la vida es un fluir vital  que podemos percibir de muy diferentes modos según la "vibración" desde la que lo observemos.

Dado que no somos los "propietarios", sino los "usuarios", de los valores que se expresan a nuestro través,  y que nadie cambia o evoluciona si no intercambia valores de los que en él está en posibilidad de expresar, el marco más esencial dentro del cual los individuos evolucionan es el familiar (también el laboral es importante).

Cuando nacemos a esta vida, inconscientemente nos sometemos a la realidad del Campo (área vivencial) donde ingresamos, y será gracias a las constantes interacciones como se desarrollará nuestro cometido vital. Venimos con una inercia genética o "potencial personal" de intervención o expresión, y esa potencialidad nos permite atraer hacia nosotros y hacia nuestro entorno, la ración energética que nos corresponde como individuo, la cual va expresada en "quantos" de energía o "paquetes de cantidades concretas" de energía de valores específicos.

A partir del momento de la concepción de una persona, en el cual se inicia la gestación del cuerpo que "de nuevo" le caracterizará, irán ocurriendo una serie de trasvases -intercambios- de valores, desde las posibilidades de su integridad, hacia los demás miembros que constituirán su familia terrenal, y desde estos hacia él. Trasvases de energías o valores que discurrirán a través de los "canales" que generan las "relaciones emocionales" que a nivel del subconsciente van desarrollándose entre todos ellos.

De esta manera, cada individuo va adquiriendo la estructura de la personalidad que ha venido a desarrollar. Y es así como con cada nacimiento, los miembros de una unidad familiar (o unidad social) adquieren la posibilidad de notables modificaciones en la expresión de sus personalidades. Con el nuevo ingreso, el ente familiar adquiere la posibilidad de organizar de modo diferente sus valores, es decir, que los campos internos adquieren otras posibilidades de expresión, a raíz de las modificaciones que originan esos trasvases con el nuevo individuo. De este modo, el nuevo miembro "acaparará para sí" del campo global donde ingresa, las energías que le posibilitarán seguir en el cultivo de su personalidad.

La evolución humana pasa por un proceso en que todo aquello que no soportamos en nosotros, pero que está en nuestra posibilidad de tomar cuerpo o expresión, se manifestará a través de alguno de nuestros hijos, para que al verlo fuera (y cernano) y en persona de nuestra sangre, nos veamos forzados a reconsiderarlo y a trabajarnos sobre ello, aunque lo más usual es que demos lugar a recriminaciones, nada resolutivas, sino que a la larga, lo que no soportamos en él, se afianzará aún más en nosotros mismos. Mientras lo que no soportamos en nosotros se manifiesta en un hijo, no percibiremos que está también en nosotros, pues él acapara esa expresión (ese campo energético), pero al no aplicarnos a su comprensión mientras está "fuera", tal actitud nos "tomará" más adelante.

El hijo que gestamos acapara para sí lo que en nosotros debe de desprenderse o no soportamos "dentro", y cede de sí lo que precisa apartar de él y que encaja en nuestras propias necesidades o tendencias. Y es así como un hijo llega en el momento oportuno en que nuestra vida tiene que experimentar algún cambio importante.

Durante todo el tiempo de la concepción de un nuevo miembro familiar, éste moviliza los niveles fisiológicos de la madre para que se opere a través de ella el cuerpo que viene identificándolo en su expresión encarnada. E igualmente movilizará el proceder del padre en lo que tenga éste que aportar como alimento energético del cuerpo y personalidad del ser que gestan. Estos cambios en los procederes de padre y madre serán muy notorios cuando con alguno de ellos o con ambos exista marcada diferencia de personalidad (con la personalidad que ya le era propia al individuo cuyo cuerpo se gesta). Y apenas si surgirán cambios en sus progenitores cuando exista con ellos analogía de personalidad. Así pues, las circunstancias de un embarazo o gestación son extraordinarias para adquirir información acerca de la condición de la personalidad que viene a encarnar.

Más aportaciones:

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